Menopausia e infarto

 Durante la menopausia, el descenso de estrógenos (hormona con efecto vasoprotector) elimina beneficios clave como:



  • Vasodilatación (aumento del óxido nítrico).

  • Perfil lipídico favorable (aumento del colesterol HDL y reducción del LDL).

  • Reducción de la inflamación y del estrés oxidativo.

  • Mejora de la sensibilidad a la insulina.

Sin estrógenos, aumenta la rigidez arterial, la presión arterial, la acumulación de grasa en el abdomen (obesidad androide), la resistencia a la insulina y la tendencia trombótica. Las enfermedades cardiovasculares (ECV) se convierten en la principal causa de muerte en mujeres postmenopáusicas, superando al cáncer de mama.

¿Por qué es necesario el ejercicio en la menopausia?

El ejercicio regular (aeróbico + fuerza) actúa como terapia no hormonal: 

  • Reduce la presión arterial y mejora el perfil lipídico (aumenta HDL, reduce triglicéridos).

  • Disminuye la grasa visceral y mejora la sensibilidad a la insulina.

  • Reduce la inflamación sistémica

  • Disminuye el riesgo de trombosis

En este contexto, el ejercicio físico regular actúa como un potente factor protector no farmacológico. Tanto el ejercicio aeróbico (como caminar a paso rápido, nadar o bailar) como el entrenamiento de fuerza ayudan a restaurar parcialmente la función endotelial, reducen la presión arterial, mejoran el perfil lipídico y disminuyen la grasa abdominal. Además, el ejercicio combate la inflamación crónica de bajo grado típica de esta etapa y mejora la sensibilidad a la insulina, reduciendo así el riesgo de diabetes y de eventos cardiovasculares. Se recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado junto con dos sesiones de fuerza muscular.

Diferencias en el diagnóstico del infarto entre hombres y mujeres

Uno de los problemas más graves en la salud cardiovascular de la mujer es el infradiagnóstico del infarto agudo de miocardio. Esto se debe a que las mujeres suelen presentar síntomas atípicos en comparación con los hombres. 
Mientras que el hombre típicamente refiere un dolor opresivo en el pecho que se irradia al brazo izquierdo, la mujer puede manifestar fatiga extrema, náuseas, dolor en la espalda o mandíbula, indigestión o dificultad para respirar sin dolor torácico evidente.
 
Esta presentación atípica, sumada a la creencia errónea de que las enfermedades del corazón son "cosa de hombres", provoca frecuentes retrasos en el diagnóstico y en el tratamiento.

Como resultado, las mujeres tienen una mayor mortalidad tras un infarto y peor pronóstico a largo plazo.

Conclusión práctica

  • El ejercicio es una herramienta esencial y accesible para reducir el riesgo cardiovascular postmenopáusico.

  • Es crucial educar a mujeres y profesionales sanitarios sobre los síntomas atípicos del infarto femenino.

  • Fomentar el ejercicio desde la perimenopausia mejora no solo la salud cardiovascular, sino también la calidad de vida y la longevidad.

La menopausia no es una enfermedad, pero es una ventana de vulnerabilidad metabólica donde el ejercicio actúa como el mejor reemplazo hormonal no farmacológico.”

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