Las molestias en los ligamentos se deben a una combinación de factores que se producen durante el embarazo:
El aumento del peso y crecimiento del útero que hace que se tensen.
El cambio postural al modificarse el centro de gravedad por el crecimiento del bebé. Al crecer la tripa, tu pelvis se inclina hacia adelante (hiperlordosis lumbar).
Esto cambia los ángulos de tracción de los ligamentos: Unos se estiran más de la cuenta (los de la zona anterior de la pelvis) y otros se acortan y se irritan (los de la zona posterior). Ejemplo claro: El ligamento sacroilíaco posterior se comprime y duele justo encima del glúteo, sobre todo al estar de pie mucho rato o al subir escaleras.
Fatiga muscular: Normalmente, los músculos ayudan a los ligamentos a estabilizar las articulaciones. Pero en el tercer trimestre:
Los músculos abdominales están estirados y débiles (especialmente si hay diástasis).
El suelo pélvico soporta peso extra y puede fatigarse.
Los glúteos se inhiben por la postura y la inactividad.
Resultado: Los ligamentos quedan solos haciendo el trabajo de estabilización, se sobrecargan y duelen.

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